COLAPSO.

Colapso en whatssapp

Ayer dejó de funcionar mi Whatsapp, de repente.

Sentí un temblor frío, como si me hubiese quedado tirada con el coche en medio de una carretera atravesando el desierto.

Sin nada ni nadie con quien hablar. Sin medios, sin palabras y sin ayuda.

Intenté refugiarme en Instagram pero entrar en mi timeline no mejoró mi estado de ánimo. No se cargaban las imágenes y por lo tanto no podía ver, en tiempo real, qué estaba sucediendo en mi vida. Por no hablar de los chats de grupo o de los vídeos en directo, que no nunca podré recuperar.

Fue una sensación de aislamiento total, atrapada en mis propias reflexiones, sin asistencia.

Llamé al seguro y me dijeron que ellos no podían hacer nada. Que mi póliza incluía soporte anímico en caso de caída pero solo si quien caía era yo, no si se venía abajo el sistema tecnológico de Facebook, arrastrando en el seísmo a sus compañías subsidiarias.

Me pregunto cómo he podido soportar todo esto.

Ignoro si tendrá secuelas en mi comportamiento social, todavía es pronto para valorarlo.

Pero veo algo positivo en medio del desastre: tanta red social, tanta interconexión anímica, también me ha ayudado a convertirme en un persona egoísta, capaz de pensar en sí misma en las peores situaciones imaginables.

Y este egoísmo ha hecho que mi corazón siguiese latiendo, como si no hubiese ocurrido nada.

Y aunque cueste creerlo, hoy ha salido el sol y he podido comenzar un nuevo día agradecida, decidida a cambiar de actitud, a aprovechar el momento. Y esto tienen que saberlo mis seguidores. Ahora mismo voy a compartir esta actualización de mi estado de ánimo.

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